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'Descarguitas' eléctricas que 'amansan' a presos muy violentos
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https://www.elmundo.es/cronica/2019/03 ... 26dbfc6c8388388b471c.html

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Pionero experimento con estimulación transcraneal
'Descarguitas' eléctricas que 'amansan' a presos muy violentos
• PACO REGO
@PacoRego
Domingo, 24 marzo 2019
Algunos condenados por asesinato han rebajado su agresividad un 37% tras varias sesiones con electrodos cerebrales

Todo comenzó en 2016, al otro lado de los muros de las prisiones andaluzas que visitaba. Raquel Martín, psicóloga de profesión, encontró entre rejas la materia prima que andaba buscando. Quería profundizar en los orígenes de agresividad (estaba preparando su tesina) y para ello nada mejor que encontrar hombres que "tuvieran tendencia a actuar de manera violenta en su día a día", que hubieran cometido "asesinatos, violencia de género, atentados contra la autoridad o simplemente que tuvieran un largo historial delictivo ya que esto era un indicador de que se trataba de personas que a lo largo de sus vidas habían tendido a actuar de manera impulsiva y agresiva -detalla la especialista- llevándoles a cometer delitos o a reincidir más frecuentemente". Y que a la vez estuvieran dispuestos a colaborar desinteresadamente con la ciencia. Las cárceles de Huelva y de Córdoba fueron las elegidas. Dieron su consentimiento 41 reclusos, de los cuales 18 tenían delitos de sangre y los 23 restantes eran presos comunes.
A cada uno de los 18 presos más agresivos se les aplicó lo que se conoce como estimulación por corriente directa transcraneal (TDCS por sus siglas en inglés). Es decir, se trataba de saber si determinadas zonas del cerebro relacionadas con el control de la violencia, los llamados lóbulos prefrontales, podrían activarse mediante "leves impulsos eléctricos" para poder evaluar antes y después de las corrientes sentimientos como la hostilidad y la rabia, y ver si la agresividad disminuía como postulaban los científicos del ensayo.
Raquel, con apenas 22 años entonces (hoy tiene 25), acudía sola a la cárcel la mayoría de las veces, con un maletín en el que trasladaba el aparato con el que se hacían las descargas. Uno de los voluntarios que se unió al experimento, según una fuente interna de la prisión de Huelva, era un recluso histórico de las cárceles españolas, Moreno Lindes, en la cuarentena. Durante 19 años estuvo clasificado en primer grado y como preso conflictivo. Además de palizas, robos con violencia, secuestros y motines, en su haber figura un asesinato cometido en prisión. Aunque se ha reconvertido y es un recluso modélico, un preso de confianza.
Arranca el experimento.
En un despacho que habitualmente sirve para reuniones de presos con los equipos técnicos de la cárcel, la psicóloga se encerraba con el interno, cerraba las cortinas y nadie presenciaba nada. Insiste la joven doctora que antes de firmar el consentimiento informado, a cada uno de los presos elegidos para el experimento "se les explicó de manera detallada todo lo que se realizaría, para que supieran cada paso que íbamos a dar y que nada fuera una sorpresa para ellos". Porque el siguiente paso del ensayo con estimulación eléctrica -el que ha levantado estos días una enfervecida discusión entre especialista en bioética, y en la opinión pública- ya no era un simple cuestionario. Y aquí está el meollo del experimento.
"Esto no es un electroshock como se ha querido hacer ver, ni un aturdimiento como les hacían a los locos en Alguien voló sobre el nido del cuco. Tampoco electrodos implantados dentro del cerebro, ni convulsiones, ni descargas eléctricas que provocan dolor", señala el psicobiólogo Andrés Molero, de la Universidad de Huelva, al frente del ensayo. Dice más: «Este es un tipo de estimulación eléctrica muy leve, el equivalente a la electricidad de una pila de radio, y su uso en medicina es habitual. Se utiliza, por ejemplo, para intentar corregir temblores, la falta de coordinación o para mejorar la atención».
Antes de llegar al experimento propiamente dicho, se les hacía un test de 40 puntos, de los que se obtenían cuatro factores: agresividad física, agresividad verbal, ira y hostilidad. Los reclusos debían responder si eran falsas o verdaderas afirmaciones como "De vez en cuando no puedo controlar el impulso de golpear a otra persona". "Hay gente que me molesta tanto que llegamos a pegarnos". "Desconfío de desconocidos demasiado amigables". O "Algunas veces me siento como un barril de pólvora a punto de estallar".
Los resultados, tras la estimulación eléctrica, en los que no aparecen efectos adversos, recogen caídas de hasta un 37% en sentimientos como la agresividad física. Después de tres días de estimulación, a razón de 15 minutos por sesión, los presos sometidos a esta "leve" corriente "dicen sentirse más relajados", según las conclusiones del ensayo publicado en la revista Neuroscience, una de las más prestigiosas de la especialidad en el mundo, y divulgados el 11 de marzo por New Scientist. De hecho, recientes experimentos que han demostrado que la TDCS se puede usar para incrementar las capacidades intelectuales, dependiendo del área del cerebro que se estimule, y también para mejorar las capacidades de lenguaje, el Párkinson, la Corea de Huntington (popularmente conocida como Baile de San Vito) o la memoria.
RESPUESTA DE INTERIOR
Fue precisamente a raíz de la publicación en New Scientistcuando el Ministerio del Interior se paralizó el estudio. "Es una parada cautelar, no porque nos opongamos al experimento, queremos saber más, eso es todo", aseguraban el jueves a Crónica desde la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, que lo ha frenado en seco sin dar más explicaciones ni ponerse en contacto con Molero, a pesar de tener el visto bueno del comité de ética de la Universidad de Huelva, "todos los consentimientos de los presos" y la aprobación en 2016 [cuando gobernaba Rajoy] de Instituciones Penitenciarias, dependiente del Ministerio del Interior. "A mí nadie me ha llamado para preguntarme", recalca una vez más el psicobiólogo Molero. "No se piensa en los beneficios, que en definitiva es nuestro objetivo, que esta técnica podría aportar a las personas agresivas dentro y fuera de las cárceles".
LA POLÉMICA
El caso es que la experimentación científica con presos ha levantado una enorme controversia dentro y fuera de los muros de las cárceles. "Queremos que se le ayude y, como en este caso, no estamos en contra de que se hagan investigaciones. Lo único que nos preocupa es que todo este asunto se ha llevado con gran secreto, sin que nadie nos haya informado. ¿O hay algo que esconder?", se queja el sindicato de prisiones Acaip. La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (Apdha) se ha posicionado "rotundamente en contra" de la experimentación con presos. Según el colectivo andaluz, "debe llevarse a cabo con idénticas garantías a las que tienen las personas en libertad".
La polémica -"Han llegado a decir barbaridades de nosotros y del estudio", se queja Molero- ha llegado incluso a Canadá. Para el neurocientífico y experto en Bioética de la Universidad de Ottawa, Roland Nadler, el problema no sería tanto la estimalación eléctrica en sí misma como el consentimiento informado. "Todos los acusados de delitos podrían pensar que si entran en un programa científico o cualquier otro les será más fácil conseguir un trato más favorable. Y cuando firman un consentimiento, pueden hacerlo bajo una especie de presión psicológica".
Algunos psiquiatras, como el doctor Antonio Higueras, ex jefe de servicio en Hospital Virgen de las Nieves de Granada y pionero en el tratamiento de la depresión con electrodos intracraneales, sin embargo, no encuentran pegas al experimento. "Hasta donde yo sé, el ensayo ha sido muy bien diseñado. Y la técnica empleada no reviste ningún tipo de sufrimiento o daño. No es una técnica invasiva ni desconocida. Aplicada con criterio, suele dar muchos más beneficios que problemas", asiente Higueras. Y concluye: "Si al final consigue rebajar la agresividad sin provocar daños colaterales a las personas violentas, sean o no reclusas, ¿dónde está el problema?".

Enviado el: 26/3 10:58
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